El sueño de la energía libre
La energía libre es aquella cuya obtención no requiere el uso de ningún tipo de combustible o bien su gasto es ínfimo comparado con el resultado final. Está íntimamente relacionada con el concepto cuántico de “energía de vacío”, que es la energía mínima existente en cualquier sistema, también llamada en cosmología “energía de punto cero” o “energía residual”, término acuñado por Albert Einstein y Otto Stein en 1913.
Esto quiere decir que vivimos en un universo cuyo espacio proporciona energía de forma natural y gratuita. Sólo hay que pensar cómo obtenerla y darle uso. Según la famosa ecuación de Einstein, e=mc², la energía es igual a la masa de un objeto multiplicada por el cuadrado de la velocidad de la luz, es decir, cualquier cuerpo con masa, y por tanto cualquier partícula existente, proporciona energía. Así, de acuerdo con los cálculos de Einstein, la energía posible de un cuerpo humano equivale a 30 bombas de hidrógeno. Con la energía obtenida de un litro de agua, se podría devastar toda una gran ciudad.
Hablamos en términos de energía destructiva de manera deliberada, puesto que esta fórmula le supuso a Einstein una tragedia difícilmente superable. La aplicación perversa de sus ecuaciones derivaron en las bombas atómicas de 1945 y, más allá, en la bomba de hidrógeno probada en 1952, cuyos efectos, basados en la fusión nuclear y no en la fisión como las armas anteriores, fueron los más devastadores conocidos hasta entonces. Tres años después, en 1955, Einstein murió con la incertidumbre de una posible guerra nuclear entre Estados Unidos y la URSS que, sin dudas, acabaría con la vida del planeta.
La energía de fusión nuclear es el resultado de unir núcleos de átomos para generar un núcleo más pesado. Esto provoca una liberación increible de energía. Se trata de un proceso que necesita poco espacio, es seguro, no contamina y es inagotable. En los años noventa, comenzaron las pruebas para producir energía con sistemas encaminados a lograr de ella una fuente de consumo general. Se calcula que hasta el año 2030 no estará disponible para consumo directo a través del suministro eléctrico, debido a su complejidad técnica, ya que hacen falta temperaturas de 170 millones de grados para unir dos átomos de manera efectiva, más de diez veces la temperatura que hay en el Sol.
Como dato indicativo de la revolución que supondría el aprovechamiento de la fusión nuclear, hay que tener en cuenta que 1 kg de fusión produce la misma energía que 10 millones de kg. de combustible fósil.
Relacionada con la fusión nuclear, en 1986 apareció el concepto de “fusión fría“, acuñado por el científico Paul Palmer, quien proponía la posibilidad de fusionar núcleos a temperaturas mucho más asequibles que las consideradas hasta entonces. En 1989, los doctores Martin Fleischmann y Stanley Pons anunciaron al mundo haber creado una fusión nuclear controlada en un tubo de agua pesada a temperatura ambiente. La revista científica Nature, donde se publicaría el artículo, pidió a ambos científicos que aclarasen o rectificasen una serie de puntos que resultaban imprecisos de su trabajo. Nunca lo hicieron, y el asunto pasó a la Historia como uno de los más grandes fraudes científicos del s. XX.
Pero más allá de la fusión nuclear, existe otra opción aparentemente más fácil de aprovechamiento de energía libre: la energía magnética de punto cero. Su fundamento más fácilmente demostrable es el denominado efecto Casimir, por el que, si se colocan dos placas metálicas muy cerca entre sí, se estable una presión de radiación que fuerza a las placas a juntarse. Es decir, se consigue que la energía residual latente en el espacio se manifieste a través de un proceso electromagnético.
De esta idea derivan los motores magnéticos autoalimentados mediante baterías que no se agotan y que, por tanto, no necesitan provisión de energía de una fuente convencional. El pionero de estos dispositivos fue Nikola Tesla, que en 1894 patentó una máquina capaz de autoalimentarse y extraer la energía del aire que la rodea mediante una bobina de electroimanes. Ya en aquella época aventuró que ”en las siguientes generaciones nuestra maquinaria será alimentada por una fuerza obtenida en cualquier punto del universo”. Según sus ideales humanistas, la supresión de distancias y la eliminación de barreras como la lucha por los recursos, habrían de llevarnos a una Humanidad unida en la que “las guerras serán imposibles, y la paz reinará en todo el planeta”.
Como todo lo relacionado con Tesla, nadie volvió a hablar de esto a lo largo del s. XX. Pero Nikola Tesla está abocado a ser el gran científico del s. XXI, y hoy empezamos a oir noticias sobre la aplicación de sus patentes con más frecuencia y, aunque sólo sea en experimentos de garaje a los que casi nadie parece querer prestar atención, es muy posible que sólo sea cuestión de tiempo que se derrumben ciertos paradigmas.
De momento, la comercialización de motores eléctricos está directamente vinculada al uso de baterías y la provisión de energía desde una fuente exterior. Es decir, procuramos que el sistema económico sufra lo menos posible, puesto que el hecho de que cada cual pudiese auto-abastecerse de energía supondría un cambio radical en nuestra manera de ver el mundo. Ahora sólo toca, por tanto, hablar de consumo ecológico.
Es obvio que las consecuencias del aprovechamiento de la energía libre van más allá de los avances tecnológicos. Así, la capacidad de vivir en un mundo cuyo funcionamiento se basa en la energía libre es incompatible con los sistemas sociales que hemos conocido en el s. XX, puesto que acaba con la idea de que todo tiene un precio, el cual se establece según gastos de obtención o producción y es dependiente de la oferta y la demanda, y permite la universalización del aporte energético. Es decir, en cualquier lugar del planeta se puede acceder a una fuente de enegía barata e inagotable, sin necesidad de combustibles que limiten su uso, ya sea por criterios económicos, ambientales o de cualquier otro tipo. Esta es la base de cualquier sistema considerado libre.
En estos casos, siempre surgen preguntas incómodas que, dependiendo del carácter, tardamos más o menos tiempo en desechar y olvidar en nombre de la cordura, aunque no queramos admitirlo ¿Se han hecho, a lo largo de nuestra Historia, los esfuerzos necesarios para que esto sea posible? Una fuente de este tipo, que sería la solución para los grandes problemas a que se ha enfrentado y enfrenta nuestra civilización, ¿no debería ser el objetivo fundamental de la misma y, por lo tanto, escatimar recursos estaría fuera de toda lógica?, ¿podría existir alguien a quien no le interese, o mejor dicho, a quien no le haya interesado este concepto del mundo?
Quien sabe. A lo mejor es cierto que no estamos preparados. A lo mejor, el miedo a un mal uso de tanta generosidad cósmica, como en su día se demostró con la bomba atómica, justifica la existencia de una “matrix” que suprima conocimientos y nos ate en corto. O quizás no. Albert Einstein o Nikola Tesla, ¿quién habría sabido intuir mejor la evolución de la Humanidad? Quiero pensar que ambos, sólo que previeron diferentes momentos de la misma.
–Programa Redes de TVE (21/11/2010) sobre fusión nuclear.
–Documental de Odissey Channel sobre experimentos con la energía libre y los fenómenos de levitación por inducción magnética y antigravedad:



diciembre 17th, 2010 at 22:26
Fantástico blog, me emocionan e interesan todos los temas que planteas en el.
Un saludo muy cordial.
diciembre 17th, 2010 at 23:54
Muchas gracias. Compartir ideas y enriquecerlas con las opiniones de otros, esa es la grandeza de internet. Un saludo.
diciembre 17th, 2010 at 22:46
Respecto a esta entrada, yo pienso que estamos rodeados de una energía delicada pero muy potente, la siento y la puedo “observar” o notar o saber algo sobre su funcionamiento, las bases científicas no las sé.
Solo sé lo que me viene y noto.
Todo tiene energía, estamos dentro de ella y formamos parte de ella, todo esta relacionado, formamos parte de un Todo.
Sé que nuestro fin es ese, el manejo perfecto de nuestra energía y la que nos rodea, para un fin común.
Es necesario, que todo reine en armonía, logrando la relación y fluidez correcta, llevándonos a un buen aprovechamiento y funcionamiento de ella para el beneficio del Todo.
La consecución total a la que estamos destinados es a la destrucción del mal que evita que todo funcione correctamente y el reinado de la paz en todo el Universo.
Eso lo tengo claro, no se el tiempo que se tardará, pero sé que es a lo que tenemos que llegar definitivamente.
Las matanzas, los asesinatos, la miseria que existe en nuestro Planeta, no nos aporta nada bueno, al contrario, hace que no fluya correctamente las energías que nos rodean, trayendo más de lo mismo y malestar general, alejando el bienestar total y el flujo armonioso de estás para que todo funcione a la perfección.
Un saludo muy cordial.
Seguiré pasando por tu blog. maric
diciembre 18th, 2010 at 00:10
Es interesante lo que dices. Parece que cada día hubiera más gente que tiene esa misma percepción. O quizás haya sido así siempre, pero ahora se empiezan a dar unas circunstancias que invitan a no guardársela para sí. Sea como sea, el momento nos invita a tomar conciencia y participar de esa integración que mencionas,aunque todo apunta a que será un proceso muy duro. Gracias por la aportación.
septiembre 3rd, 2011 at 12:50
Estoy plenamente de acuerdo con el compañero, todo proviene de una energá, nosotros somos energía. Al parecer existe el yin y el yang. Por desgracia sólos unos cuantos malnacidos, llevan el mundo. Algún dia puede haya un cambio y nos demos cuenta de eso somos, parte de un todo, el universo. Nuestro universo el de todos los seres del universo, yo me considero un bicho extraño. No soy el mejor y lo intento, pero si me considero ni peor ni mejor que otro ser. Y Tesla me parece un tío estupendo con gran humanidad, un pringao, como diría Edison en su día. Y ese día espero llegue, darnos cuenta, que sólo somos matería, con el único poder de todos los demás. Y esos mal nacido que digo, se den cuenta y deje de fastidiar a su prójimo, masacrondolo. Un saludo a todo el universo.